Lluvia
Coralia
“Nací en Venezuela, en una tierra muy rica, llena de música, historias y contrastes que formaron mi sensibilidad.
Mi camino me llevó por la educación, la psicopedagogía, el teatro, la música y el arte de la voz. Cada etapa me enseñó que las historias tienen poder: pueden enseñar, sanar, inspirar y acompañar.”
“A lo largo de mi vida he vivido momentos que fortalecieron mi fe y mi certeza de que existe un propósito mayor. Experiencias en las que sentí la protección de Dios me marcaron profundamente y despertaron en mí el deseo de compartir mensajes de esperanza a través de mis creaciones.”
“Hoy soy artista de voz, cantautora y creadora de historias y canciones. A través de la música, los personajes y las palabras sigo construyendo espacios donde la imaginación, los valores y la inspiración puedan encontrarse.”
HISTORIAS REALES QUE MARCARON MI VIDA
Hay etapas que no se olvidan, que permanecen con nosotros no porque uno quiera aferrarse a ellos,
sino porque quedaron grabados en la memoria, como si el tiempo se hubiera detenido allí.
Uno de esos momentos ocurrió cuando era niña, en un río. Sí, en un rio.
Aquel día no parecía diferente a los otros. Pero en un instante todo cambió, el agua dejó de ser juego
y se convirtió en algo más fuerte de lo que yo podía controlar.
Recuerdo la sensación de perder el equilibrio, de no tener dónde sostenerme, de ser arrastrada por una fuerza que no entendía.
Hubo confusión, miedo, y ese instante en el que todo parece ir demasiado rápidoy al mismo tiempo demasiado lento
El rio me llevó.
Me encontraron, horas más tarde, colgada de una rama. Hubo una intervención de Dios por mi vida, fui rescatada del rio que me llevó, fue una marca en mi vida, imposible de olvidar. Tenía 5 anos
Con los años he entendido que ese río no fue solo agua., fue también una lección temprana de que la vida puede volverse intensa, inesperada, pero no definitiva. La verdad es que, una certeza siguió permaneciendo conmigo...No estaba ni estoy sola en el camino.
Y no es la primera vez que en mi vida algo parece salirse de control.
Recuerdo otra escena… yo tendría unos seis años.
Mi papá era el telegrafista del pueblo: Santa Bárbara de Maturín, en Venezuela.
En ese tiempo, la oficina de telégrafos era vital. Era la conexión con el mundo.
Por allí llegaban noticias, mensajes, alertas…
era la forma en que las personas tenían noticias de familiares y de lo que estaba pasando lejos de ellos.
La oficina del telégrafo funcionaba en el garaje de mi casa.
Ese día, mis padres estaban conversando. Yo estaba allí, en medio, como una niña pequeña que solo observa todo.
Tomé una caja de cerillos que estaba sobre la mesa. Siempre me llamaba la atención el sonido, el movimiento…El sonido de esa "cajita" la curiosidad de niña. Entré a la oficina de telégrafos de papás y empecé a jugar a escondidas,imaginando que los palitos eran personas, de repente uno de los cerillos se encendió.
Me asusté. No sabía qué hacer. Y en ese impulso, lo lancé al cesto de basura… lleno de papeles. En segundos, el fuego empezó a crecer. No entendía la magnitud, solo sentía miedo., Y corrí. Cuando todo terminó… la oficina del telégrafo estaba destruida. El lugar desde donde mi papá conectaba a todo un pueblo con el mundo … había desaparecido.
Y yo estaba viva.. Era solo una niña de seis años. Con el tiempo he entendido que muchas experiencias de la vida, no se tratan solo de lo que ocurre,
sino de lo que despiertan dentro de nosotros con el tiempo. Y en ese sentido, este recuerdo me ha enseñado a ser más consciente, más cuidadosa, y más presente. Hoy lo veo como parte de mi camino de transformación. No como el fuego que destruye, sino como el fuego Divino que purifica, forma y transforma.