El propósito de Dios siempre fue, y es, que el ser humano viva por medio de su Vida Suprema. Jesús, el cordero de Dios, fue el primero en manifestar su imagen y semejanza. El unigénito se hizo primogénito en manifestar la imagen visible del invisible, al recibir la unción Divina.
La palabra «unción» proviene de una práctica pastoral que consistía en verter aceite sobre la cabeza de las ovejas, para protegerlas de insectos y piojos, y así evitar que éstas hicieran madrigueras detrás de sus orejas y causarles la muerte.
Así como el pastor a sus ovejas, Jesús recibió del Buen Pastor la unción llamada “Cristo”, que lo bendijo, lo protegió y empoderó para cumplir el propósito que Adam incumplió: ser el rostro humano de Dios en la tierra; Y nosotros, hemos recibido esa misma unción por Gracia.
Jesús, “el hijo del hombre”- “Hijo de Dios”, fue el verdadero modelo y ejemplo a seguir en imagen, obediencia y dependencia de su Creador. Jesús aprendió afanosamente sobre su creador, su madre le contaría la historia sobre el mensaje enviado por Dios y lo especial de su nacimiento, despertando en El, a través del espíritu de vida que lo habitaba, la necesidad de conocer todo sobre su Padre. Estudió apasionadamente las escrituras hasta convertirse en la imagen de Dios, el hijo amado y mediador entre Dios y los hombres, el cordero que sería inmolado para salvarnos de nosotros mismos y reconciliarnos con nuestro creador.
Conocer su vida e imitarlo en todo, nos lleva al entendimiento del tesoro celestial recibido, gracias a su obra redentora.
De los cielos
Coralia Torrealba
Miembro de la Comunidad virtual «Transformados en Cristo»

Probando…